Estamos aquí, vivimos, porque
somos, en parte al menos, como la realidad funciona autónoma y no
solo como tropiezo siendo un triste duplicado natural e imperfecto.
La carga moral, la culpa en cada uno, sé que pesa mucho más que ese instinto sin valor genuino extraño. Por eso nos disociamos y autoengañamos,
tratando de evitarlo. La continuidad de mi mismo, en un sentido
estricto y no mítico, a mi mente le importa bien poco. Que su pose tenga que ser terrenal y no descubrirla como fruto
de una injustificada ambición y un autorepudio cobarde, no consigue mejorar las cosas. Ciertamente, a mi conciencia le atañe la
verdad óptima y su mirada propia. ¡Qué y si sé que mi inconsciente sabe que dios y la coacción son solo un invento supersticioso,
irreal y cohesionador basado en pillar cacho! Sin embargo todas las
verdades individuales siguen siendo poderosas en nuestras cabezas.
Por eso vaticinamos y estamos abocados a la acción aunque solo sea
interior. Muchos somos cooperativos, pero dar la espalda a
determinados credos comunes no es ninguna obra menor de volátiles y
gente no demasiado apegada al medio ni a la viabilidad bacteriana.
Poseo la convicción de que la conquista definitiva del individuo como ser social
será la de su crítica más que aceptarse como teleología fáctica. Acertar a ver en uno, porque está en uno,
que los otros, incluso él mismo, son a veces parte de un objeto
mágico, identitario, con vocación totalitaria, una excusa de renuncia para no vivir o morir nunca. Permaneciendo falaz o escaqueándose a partes iguales, según los casos. Será el Fin de
la Historia pero no de nuestra Biología.
Tuesday, 6 January 2015
Tuesday, 23 December 2014
Todos somos hijos de dios socialmente
Pienso que, en general, se vive y estudia demasiado de prestado. Siempre
me impresionan todos los cuerdos que se apoyan, o incluso dogmatizan,
en su suspendida e incontrastable cordura. ¿Conocen empíricamente la
locura? Desde luego que creo que la locura es una tormenta biológica, una
anomalía, sin duda una exagerada distorsión, pero también reconozco que se me hace imposible poder creer en alguna cordura concreta desconociendo eso, qué es no tenerla.
Habitualmente el simio humano se obstina mucho, tanto como inversamente se teme en el lugar equivocado. Un miedo inventado, que no otra cosa porque rara vez va a hacer nada por traspasarlo, ni a este miedo supuesto ni a su consecutivo grito obsesivo de ¡resiste! Viviendo sin más, mirando a una línea que nos imaginamos del suelo, ciegos. Y si alguien cede un poco, guárdate del consejo que des a tus propios hijos.
En el fondo el dialogo permanente de este hombre irreal es un inmenso artificio sumiso, con su propio yo. Y en donde a veces huyendo de la propia huida, convertido, como no puede ser de otra manera, en un dios sin excusas sobre los otros, con los que siempre se compara, absurda pero antitéticamente, parece que es capaz de decirse que sí. Cuando sabe que sólo sigue imaginándoselo. Ver auténticamente aquello que es intocable, contrastarlo impregnándose, con su propio barro, es decir, realmente. Consigo mismo, poco o nada nos soportamos. Vade retro. ¿No es por completo absurdo? ¡Vamos a morir todos juntos!
Hay quien por lo menos escarba en sus propias preguntas y no pretende leerlas en los demás, para luego recitarlas o sonsacarlas, fascinado, de cualquier biblia apócrifa, que es aún peor, lo reconozco.
Las drogas sirven muchas veces para esto, de entregarse y romper las defensas que irreflexivamente nos obligan a no experimentar respuestas, a conservarnos en tercera persona. Ya digo, porque es así y hay que hacerlo y es lo establecido. Callárselo aun no habiéndolo experimentado. A pesar de que pueda ser de una colisión y no de un espacio. Incluso de que luego, bastantes, que han probado su fuego, que dicen que es propio, febles, desolados, caigan en el abandonado solipsismo. Añorando no hacerse fielmente masajes los unos a los otros. Porque eso no era el vacío.
Nuestras evasiones y proyectos, descomunalmente fabriles, en donde poder darse el pego de qué gigantes somos, sí que son huecos materialistas verdaderos, sentidos perfectos pero ajenos.
Demasiadas veces morimos siendo incógnitas fantasmas, en nosotros mismos, por dentro, espíritus vanos a lo sumo como dueños de un coro cómplice que sigue haciéndonos extraña y perpetuamente murmullo.
No solo existe la falta de reciprocidad. Y me gustaría estar más intacto, es cierto. Sin embargo, creo que ya no vivo con aquella quemazón. Intrigarse tanto puede igualmente llegar a ser una ambición tan caleidoscópica como tonta. Pero ahora sé que me hablo con propiedad ja!
Habitualmente el simio humano se obstina mucho, tanto como inversamente se teme en el lugar equivocado. Un miedo inventado, que no otra cosa porque rara vez va a hacer nada por traspasarlo, ni a este miedo supuesto ni a su consecutivo grito obsesivo de ¡resiste! Viviendo sin más, mirando a una línea que nos imaginamos del suelo, ciegos. Y si alguien cede un poco, guárdate del consejo que des a tus propios hijos.
En el fondo el dialogo permanente de este hombre irreal es un inmenso artificio sumiso, con su propio yo. Y en donde a veces huyendo de la propia huida, convertido, como no puede ser de otra manera, en un dios sin excusas sobre los otros, con los que siempre se compara, absurda pero antitéticamente, parece que es capaz de decirse que sí. Cuando sabe que sólo sigue imaginándoselo. Ver auténticamente aquello que es intocable, contrastarlo impregnándose, con su propio barro, es decir, realmente. Consigo mismo, poco o nada nos soportamos. Vade retro. ¿No es por completo absurdo? ¡Vamos a morir todos juntos!
Hay quien por lo menos escarba en sus propias preguntas y no pretende leerlas en los demás, para luego recitarlas o sonsacarlas, fascinado, de cualquier biblia apócrifa, que es aún peor, lo reconozco.
Las drogas sirven muchas veces para esto, de entregarse y romper las defensas que irreflexivamente nos obligan a no experimentar respuestas, a conservarnos en tercera persona. Ya digo, porque es así y hay que hacerlo y es lo establecido. Callárselo aun no habiéndolo experimentado. A pesar de que pueda ser de una colisión y no de un espacio. Incluso de que luego, bastantes, que han probado su fuego, que dicen que es propio, febles, desolados, caigan en el abandonado solipsismo. Añorando no hacerse fielmente masajes los unos a los otros. Porque eso no era el vacío.
Nuestras evasiones y proyectos, descomunalmente fabriles, en donde poder darse el pego de qué gigantes somos, sí que son huecos materialistas verdaderos, sentidos perfectos pero ajenos.
Demasiadas veces morimos siendo incógnitas fantasmas, en nosotros mismos, por dentro, espíritus vanos a lo sumo como dueños de un coro cómplice que sigue haciéndonos extraña y perpetuamente murmullo.
No solo existe la falta de reciprocidad. Y me gustaría estar más intacto, es cierto. Sin embargo, creo que ya no vivo con aquella quemazón. Intrigarse tanto puede igualmente llegar a ser una ambición tan caleidoscópica como tonta. Pero ahora sé que me hablo con propiedad ja!
Monday, 15 September 2014
Parte de un todo
España es una pequeña Europa (aquí). Ese quid. Como Europa debería ser una pequeña Occidente, los de sus valores de prosperidad, y este Occidente, de progreso, aún otra pequeña parte presente de la humanidad, la construida a partir del optimismo de su mayor igualdad benéfica posible. Me parecería pavoroso que una democracia moderna recorriese ahora el camino precisamente inverso. Que una mayoría fuese autorizada a votar el asalto, el ostracismo y el exilio de los interesadamente considerados como otros. Desvinculándose de la relación de conjunto, auspiciados en el esperpento de decir que viven en una colonia. Legitimando, a estas alturas, de siglo, de innegables avances cívicos, de integraciones, una nueva xenofobia. El retrógrado imperio de la cultura de la sospecha. Tanto o más insolidaria que el mito de no agresión, pasiva, de un presuntamente originario individualismo descreído aunque pretendido socialmente soberano. Creo que ningún progresismo debería renunciar a plantearse de forma consciente la disgregación radical de estos colectivismos atomizadores y sentimentalmente irracionales. Por ejemplo, llevando las autonomías a su lugar natural, las ciudades. Consiguiendo una amplia y factible descentralización del poder, por supuesto necesaria, pero por fuerza inclusiva, situada dentro de un estado marco genuino, común, desnacionalizado, basado en derechos universales y sin fronteras. Porque ceder hoy a la creación de redivivas islas aislacionistas, es reaccionario. Justificar el ensimismamiento en mitos frentistas. Ir hacia atrás. A un pasado muerto. Y de muertos. El futuro pertenece a una aldea ciudadana. Yo creo en ello.
Tuesday, 15 July 2014
Soy una máquina, organismo autoconsciente
Soy una máquina, humana, imperfecta,
hoy parcialmente averiada, pero al fin y al cabo solo una máquina.
Una máquina, aunque mucho más organismo autoconsciente, animal prudente o racional, que ya no entiende el sentimiento del amor mercancía cultural de la gente, el amor ambicioso e incondicional, tan deshonesto realmente. Y sus
fabulosas posteriores justificaciones. No ya a las personas sino también a las cosas. Es la
misma melancolía y subjetividad mítica que, correspondientemente generalizada y
racionalizada, alicata las promesas de la religión excluyente y esencialista o a un culto sectario a los orígenes
como el nacionalismo. En general y más mundanalmente, hay mucha querencia pasada de moda por el amor,
aun se consume a través de una emoción más modesta y pagana. La verdad, yo siempre he
preferido que una chica me diga que le gusto a que me salga con que
me quiere o me necesita. La vulnerabilidad inestable del amor no me
la permito en las cosas. Pero querer, querer auténticamente, es que
ella se vaya, escoja, y todo siga su curso felizmente. Algo muy liberal y con
escasa resaca personal posesiva. Otra cosa, es una pasión. Salir de uno,
arriesgarse al vacío. Y vaciarse. Pero no permitirse someter subrepticiamente a la
falta de retribución. Pretender permanecer. Porque al final uno siempre está solo y
proyecta, eso es todo. Y más tarde, los cimientos son un pacto que a
veces se cumple y otras veces, no. Hay demasiada doblez en esperar
algo a cambio. No errar el tiro... ¿Una ilusión ladina de continuidad? Se
me puede echar en cara mi frialdad. Pero es una realidad cierta,
auténticamente humana. En donde la ternura del pan de la mañana es
solo una sensación. Pasajera, sumisa, volátil. Falsa. Que sabe mucho a cuna encantada, infantil e impostada. En amar no hay sentido humano extra, más que por el hecho de retener un sustento quimérico,
desinteresado, sin expectativas, arbitrario, el que uno quiso darse
dentro de un sistema onanista, no autónomo, y sentirse así previsible, sin disensos, dulce y perpetuo aunque más inconsciente y en abrupto abrazo consigo mismo. El amor vicariamente todo lo llena. Y todo lo frustra. El amor, en fin, es deseo por uno, cuando lo
esperamos en otros, o en cosas, siempre mediante objetos mágicos o sin
voluntad propia pero nuestros odios, miedos y limitaciones sin saberlo. Después sí que creo en un apego adulto, un amor como sentimiento humilde o verdadero; y que acoge también a la indefensión, ni renuente, tenuemente resentido o incondicionalmente masoquista, como parte del mundo y sin idealizarla. Soy, espero, ahora este nuevo organismo, máquina algo chafada pero mucho más consciente de sí. Objeto maduro. Y por tanto, con algo menos de aprensión por la desolación de volver a romperse y deshacerse por entero. Confiando, que, llegado el momento, creo, sabrá protegerse.
Sunday, 1 June 2014
Dolor y abandono
Un enfermo que no se rinde, un enfermo
que tenazmente persiste demandando atención a través de su
enfermedad, que no se recoge de algún modo en su propio dolor, ni en
los límites de su cuerpo, y los hace valer, y por tanto también
los niega, confunde y hace mucho daño: sobre todo cuando no mejora.
No hay necesidad de ser una presa ni de compadecerse o amedrentarse,
pero no reconocerse no es la actitud. Creo que hay que evitar
reivindicarte sin más, aunque el problema de salud sea importante.
Es ubicarse. Preferible redefinir todas las fuerzas, y ser constante.
Lo critico, pero también tiendo bastante a acomodarme. La atonía de mi
propio ganado desahucio, influye. Es verdad. Pero la rutina sé que
es no dejar disiparte tu mismo. Tener claro esa síntesis. Hasta
ahora, el único mérito pertinaz mío es no haber querido esquivar
los errores. Estos dos próximos años de retos en mi vida son
cruciales. Y vivir adaptado, centrándose espontáneamente.
Echarse atrás, en un amigo no siempre está tan mal
Echarse atrás, en un amigo no siempre está tan mal
Tuesday, 27 May 2014
Grados de libertad y poder
Todo se puede planificar si se respetan los grados de libertad. La libertad es el vértigo pero el imprescindible factor de reversibilidad. De hecho, en teoría, una estructura puede ser cerrada, expulsada la incertidumbre, y contenerlo todo. En el fondo, la incertidumbre solo es observación. Sería una acción algo opresiva, desde fuera, pero posiblemente benévola. Cierto que tampoco sería posible cambiarla nunca desde dentro, estaría perpetuamente atrapada. Estar ciegos a algunos parece no importarles nada, para mí no es aceptable siempre. Aunque se sobrelleve... Estacionario. Popularmente. Cuando digo observación, quiero decir sobre todo expectativa. Es sano crecer. Tener, y el afrontar expectativas. Es mi visión del liberalismo, social, inteligente. No existe rémora para ser equilibradamente precavido.
Sunday, 25 May 2014
Árido
¿Chicas? Creo que supe siempre bien por dónde iban. Porque también he sido muy femenina, aunque haya engordado y marchitado un poco. Pero yo no podía darles agua, ni nitrógeno. Normalmente lo sabían. Como diseñando mis propias flores artificiales hoy me hallo sin ellas, buscando echar esas raíces matemáticas en un ojal natural perdurable.
(Lo que no he aclarado, aparte de los rituales primarios del encuentro, es que la generosidad de una mujer suele llegar a límites extraordinarios. Construyen de la nada. Perdírselo conscientemente, me parece un abuso)
(Lo que no he aclarado, aparte de los rituales primarios del encuentro, es que la generosidad de una mujer suele llegar a límites extraordinarios. Construyen de la nada. Perdírselo conscientemente, me parece un abuso)
Friday, 25 April 2014
Psicosis mediocre
Me cuesta ver que en gente tan tu-ista,
que creen firmemente en la posibilidad de crear un sentimiento
comunitario verdadero sin bandos (vaya a saber usted como se consigue
toda esa cohesión social no científica; manteniendo el mismo afecto
no yo-ista sin enemigo claro), no perciben a alguien totalmente
desenchufado sintiéndose a la par despiadadamente impotentes. Porque la
locura real es un mundo personal pero por completo impermeable, y que
milagrosamente puede bajar con una pastilla (de ahí que la impresión
de padecer una afección radicalmente biológica sea tan viva en
muchos, la mayoría de psiquiatras, por fortuna). Estar fuera del
sujeto mismo. Muy probable que sea aterrador constatarlo. De perderse y
no saberlo...
Hay un chico aquí en mi ciudad (gitano y que lo comento en parte por un sentido de comunidad tan sólido que
tienen entre ellos), siempre bien vestido, que vaga horas y horas
declamando solo por un centro comercial. Ni dios se entera de que
existe. Es un globo, aunque con un mundo interno ciertamente vehemente. Tan plenamente incapaz y abstraído que no molesta a
nadie, más parece un perro perdido e inconsciente que otra cosa. Es
él y su delirio. Tengo para mí muy claro que él no decide por sí
mismo. De que no va a ninguna parte y no se da cuenta. Que no elige.
Como seguro estoy que perdería toda su fuerza escindida, y que sería
más visible a la gente, a los suyos y a la estructura de la vida si
tomase correctamente su fármaco. Cuando lo veo deambulando yo me
acuerdo, no siempre está presente, de cómo me ha descuadrado a mí la enfermedad: y pienso, si somos más
sociales de lo que creo, como mucha gente dice, si no es inhumano el
derecho de "no injerencia", y la inanidad de parlotear,
solo o acompañado; negándose a abordar y a rescatar con solvencia a otro de un aislamiento alógeno, aunque sea creando un lastre en él, concerniéndolo. Sigo siendo individualista, pero sé que en
una sociedad madura, no paternalista, ni con enemigos claros
tan 'sociales', sería factible intervenir respetando esa parte
innegociable de libertad individual que cada uno posee, acotando y
contextualizando la acción, revisándose judicialmente, limitándola
en el tiempo, etc.
Post reajustado Diciembre 2017
Post reajustado Diciembre 2017
Tuesday, 11 March 2014
Trauma y/o biología
Como si una etiología traumática no fuese otra vaga especulación. Más parece, sin embargo, que frente al vigor naturalista, para algunos ciencia significa que occidente sea su enemigo ideológico a batir. Mientras, se disfruta complacientemente de todas sus oportunidades y libertades, que las hay. No puedo ver en las sociedades primitivas, rurales, patriarcales, misóginas, de castas, a ese lugar mítico al que muchos se adhieren, refiriéndose y señalando enigmáticos a una vida mejor, más social dicen y más auténtica. Ideal, menos privada y real. Si acaso, si donde el demente puede relacionarse de una manera más simple con sus fantasmas animistas. Y pasar más desapercibido, desde luego. Sin contrastes conscientes. El progreso, con todos sus defectos, redescubre al individuo para si mismo, y eso, si eres frágil, puede ser un horror. Conocer/se, acotar lo imaginario, siempre cosifica, es uno de sus costes. Somos islas.
Wednesday, 11 December 2013
Vivir mi muerte contigo
No es lo mismo ser un parapléjico que
llevar la silla de ruedas dentro, en la cabeza. Físicamente, es imposible no
ser parapléjico, pero loco, dado que es una identidad radical individual, un contexto propio aunque externalizado,
se puede pretender ser uno igual, parecerlo por lo menos. Luego, todo resulta mucho más complejo... Por eso siempre prefiero guardar una intimidad fuera del teatro para rebatirse, hasta llegar a impugnarte, si es preciso. Hablar en ese dominio reflexivo, pero claramente; de cómo gestionar fallos, taras, defectos, incoherencias. Creo, que entonces, dimensionado, y entendido de algún modo que sufres un trastorno mental inevitable pero del que no tienes culpa, usando de la irrenunciable psicofarmacología y, si se da la circunstancia que fijada la conciencia ésta revela una desidia impracticable, aceptando igualmente el apoyo transitorio de un entorno con
acicate sin que tenga tampoco porque excederse al extremo de ser un impeler sofocante, es sin duda factible volver a reintegrarse; y exigirse, de nuevo, pasando
desapercibido, como uno más; dejar atrás la mayor o menor dependencia sobrevenida por la desconexión con un proyecto vital propio (espero no sea mi caso, poder revertirme por mi mismo, pero es que lo demente desnivela mucho). Incluso al final, seguramente, poder reírse con
saña del pasado prescrito. Rabia que no desvirtúa el haber adquirido un cierto aire interior de solipsista abstracción escéptica, algo mirado pero necesario frente a cualquier otra influencia subjetiva que se desconfine y brote con sensación transparente y autosuficiencia, pues combate esa certidumbre del monstruo locura, convirtiendo su probable aparición en un mero encuentro, objetivo pero condicional. Reírse también, aunque con mucha menos condescendencia, con sorna escapista, de todo el submundo loquero que hoy conlleva tratarse, apostatando de su intercesión entrometida, tan poco
fría y garantista; donde lo de menos es contar con el parecer del
afectado, aunque se esté lúcido para hablar. Porque ahí es donde creo
deberían poner el acento del activismo contra el estigma los
familiares. Después se me tachará de neoliberal, pero principalmente en acceder al mercado laboral; en general, propiciar todo lo signifique tu
singular autogobierno, más o menos adaptado pero por ti. Empezando por reclamar acotar el aún ilimitado estado de excepción sobre, en esencia, comportamientos eventuales; conductas que, en todo caso, se desarrollan en una pertenencia que no puede ser arrebatada, la de uno mismo. Permitir, entonces, ir dando los pasos de la recuperación tú, en sentido estricto, sin desvalijar por completo tus derechos; interviniendo sin la suficiente revisión judicial, como si tu mente fuese un trozo de carne, en algo tan sensible que sigue sin poder evitar necesitar de ti mismo para concitar tu propia voluntad. Desde luego, se puede facilitar seguridad pero sin quebrantar el riesgo, interesadamente. Desentendiéndose, con firmeza, de la sobreprotección. Es decir, de modo consciente. Porque ese vasallaje no le sienta bien a nadie: aparte de ser moralmente execrable, es obvio que es disolvente para la personalidad. Puede que a veces sea necesario, por ejemplo, ir al
domicilio particular, por qué no; si se recurre a ello como último recurso, y
no violentando el personalísimo espacio privado de cada cual, es una
opción en puridad válida. Pero el desguace de un rescate más forzado y victimista te transforma en un superviviente, cercenando tu capacidad futura de ser uno más. Obrar sin el elemental respeto anestésico que minimice el tormento de amputar quirúrgicamente al cuerdo su deformidad loca y/o negarle sus restos de identidad, convierte esta acción coercitiva en ilegítima. Por el resto, circo es circo. Ya lo comenté en algún otro sitio, que a mucha gente, su vida, es mal muy común, les parece
inconscientemente “poco elevada” y un engorro, por lo que
encuentran una huida pasajera, pero eficaz, en la ficción ajena más
inverosímil, o en la telebasura. Nada sin irse mucho más allá. Para que luego vengan los de siempre con sus buenas costumbres a controlar no se hagan adictos al gimnasio... A veces, creo, es necesario imponer
tolerancia, pero, con franqueza, mejor no tener vocación para dirigir gustos
de nadie, aunque sean perversos.
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