Cumplo 28 años. El jefe del servicio, impasible, me da alguno de los tirones de orejas de rigor. Decir me siento abrumado es excesivo, simplemente me parece condescendiente. Salvo por esa subterránea indignación, yo no siento demasiado. Me he autodiagnosticado y el nombre técnico que utilizo es anhedonia. Aunque ellos prefieren llamarle “anestesia afectiva”. Soy incapaz de llorar. Siento una impotencia inescrutable, pavorosa. Y un halo, un brillo raro que me desconcierta. Me ven deprimido, yo me siento atrozmente insensible. He estado un mes retenido pero han evitado darme un informe. No se lo he exigido. Supongo tienen dudas. A mi hermano le han dicho que no quieren hacer profecías. Pienso en nada, me bloquea este insólito estupor. El médico que me sigue ambulatoriamente -no se ha presentado en la sesión clínica programada-, se disculpa y con su sorna y descaro característico me espeta si aún apetece ir de plañidera al show de Isabel Gemio. Paradójicamente no me cuesta reaccionar ante este pretendido trato asertivo. Me digo hacen caso y “activan”. Creo me dejo impresionar por su estatus. Aparento una inteligencia y modales en las consultas que íntimamente dudo nunca poseyera. Pero percibo ya el doble rasero. Un soterrado nihilismo que me contamina. Así que quiero intentarlo solo, por mi cuenta. Dejar definitivamente la medicación. Vuelvo a trabajar durante una temporada, pero a encadenar recaídas en un desenfreno ególatra, absurdo y desprovisto del menor límite circunstancial. Con la vaga esperanza de que todo remita sin más. 10 años después me he desanudado y despresurizado sin remedio. Algo con lo que yo no contaba.
Dos años antes de este ingreso por depresión, aún trabajaba de repartidor y fregando platos. En un restaurante del centro, al lado de la facultad donde estaba matriculado. Si casi no asistía a clase y pasaba las tardes en la biblioteca general leyendo libros de psiquiatría, reconozco tenía una intensa vida social, en las cafeterías y bares de la ciudad, antes y después del trabajo. Amigos y amigas con los que me dedico a departir, disfrutar y “vivir” sin esperar a mañana. Ni tenía regladas revisiones ni se me suponía ningún perfil de “cronicidad”. Con 23 recién cumplidos, en mi primer episodio, luego de ingresar virtualmente desconectado, recuperara de manera súbita la lucidez sin precisar medicación...
¿Además de mi temeridad, me condicionó esta inicial benignidad? Seguramente…. El estigma impracticable no me ayudó nunca a asumir otra cosa. A tomar mis pastillas y hablar de ellas y mi enfermedad con serenidad.
Saturday, 15 September 2018
Thursday, 28 June 2018
Ideología en compañeros
Un compañero de adversidad en la vida real me ha puesto en un brete e inquerido dónde me posiciono yo políticamente. Le he dicho que en el centro-izquierda. Y que voto a según quién dependiendo de la coyuntura pero me considero un liberal socialista. No sé si me ha entendido. Como ha insistido, me debe ver de la cuerda de Albert Rivera, le he comentado que podría decidirme próximamente por la papeleta de la socialdemocracia. Entre otras cosas, aunque no se lo he dicho, me interesa la legalización del suicidio asistido. Creo en un sistema social [solidario]. Sin embargo (y esto nos separa) respeto profundamente los matices que aporta la gente de mentalidad más conservadora a este. Su guía ética basada en la tradición y una suerte de moderno "pesimismo" antropológico me parece bastante más sensata, explícita y sujeta a valoración contraste y rectificación que la omnipotente y racionalista de la izquierda más extremista. Utópica (naive) por naturaleza. Puede que sea partidario de algunos artefactos técnicos muy socialistas, redistributivos como la renta básica universal, pero desde luego creo en la importancia de las instituciones que tenemos actualmente, instituciones como la propiedad privada para vertebrar la sociedad, las familias y el individuo. Aparte de la solidaridad como bien común, respeto esencialmente la libertad de emprender, destacar o prosperar. Una diferencia que yo no poseo, pero acepto exista. Pienso que es además el sentir general.
Tuesday, 29 May 2018
La autopista moral de la conciencia
Sigo viendo la mente como un sistema cognitivo autónomo aun se sincronice emocionalmente (vincule) cuando está sana con el entorno. Dado que las leyes físicas de los fluidos son las que son, las alas de un pájaro no pueden tener cualquier diseño. Así, la moral no sería más que un subproducto necesario en la compleja autosuficiencia de la materia que se sabe reflexiva. Un guarismo de proporcionalidad que aunque dicta consignas en el fondo nos satisface, y que regularía la expresión del universal humano de ser o no ser. Porque practicar la saña y aprovecharse del semejante no es lo mismo que sentirse concernido o benefactor. Entregarse al placer inmediato igual que mantenerte responsable. El bien idéntico al mal. No, no creo que la moral esté solo ahí para el control unívoco del otro. La moral es sobre todo un sistema de coherencia al que se le da crédito desde lo más genuino de nuestra consciencia, una forma de simetría para nuestro proceder a través de algo autoimpuesto pero que se acepta como mejor. Por y para la propia la conciencia de sí. Por eso entiendo que cuando no se asume propia a veces tienda a ser algo mesiánica. O pueda convertirse en una carga, nos disociemos para evitarla, y siga siendo tan elástica como para exigírsela a los demás. Dotándonos en fin de esos sentidos moralistas, bastardos. Sin duda la conciencia está ensamblada a partir de muchas piezas y compartimentos que no son estancos, pero funcionaría como una mecánica heterogénea en donde la moralidad se explica igual que la atracción consciente y flexible por la belleza, mediante un proceso psíquico del recreo y la fascinación, que sin perder versatilidad en su caso se enfoca a la seriedad y una existencia subjetiva pero real del compromiso con uno y el medio en general.
Thursday, 24 May 2018
El fluir del cálculo y rehabilitarse
La única diferencia entre la realidad y la ficción es que solo la segunda tiene sentido. Por el resto, las matemáticas ponen en relación, y demuestran, su exactitud en común. Aparte de revisar por hiperglucemia las bisagras químicas que uso para sostener mi implosiva y quebradiza estructura mental, en tal fascinante disciplina y sus pormenores me sumergiré este verano (aunque sea de leve a moderada, tengo reconocida una discapacidad y estudiar de nuevo en la uni nos lo facilitan más). Si no vuelve a saltar todo por los aires, queda también el prepararse unas opos que da igual sean o no de auxiliar (casi mejor) para el otoño-invierno.
Entumecido y más lisiado, pero seguimos. Lo único que me puede parar ahora es otra embestida al ajustar el fármaco, vaciarme definitivamente en la cognoscitiva e imprevisible furia de la marea…
¿La vida es el fluir del cálculo? Supongo que sí. Si lo hubo, siento de veras el mesianismo de parte.
Entumecido y más lisiado, pero seguimos. Lo único que me puede parar ahora es otra embestida al ajustar el fármaco, vaciarme definitivamente en la cognoscitiva e imprevisible furia de la marea…
¿La vida es el fluir del cálculo? Supongo que sí. Si lo hubo, siento de veras el mesianismo de parte.
Friday, 22 December 2017
Un lugar lícito
Un lugar donde derrochar no sea escatológico y algo verdadero. Un lugar donde el ateo converge escéptico. Frío pero azul.
Saturday, 25 November 2017
Sin cruz y esa necesidad
Lo de conocer gente en circunstancias parecidas es muy personal. Puede que sea en ocasiones casi imprescindible, pero he aprendido que los defectos de uno se notan más en grupo... Mejor engancharse a la vida sin más, ¿no? De todas formas, esa otra inquietud siempre estará ahí.
Respecto a la necesidad de socializar, creo que la más pequeña ocupación o formación para un oficio o profesión hace al final siempre diestro al más siniestro... Que todo viene luego por añadidura: agilidad mental, compañeros, amigos, buen rollo familiar, etc. Salvo eso, me parece no existen recetas mágicas. Aunque supongo que habrá quien piense distinto y en estrés, explotación y tal limpio formato.
Respecto a la necesidad de socializar, creo que la más pequeña ocupación o formación para un oficio o profesión hace al final siempre diestro al más siniestro... Que todo viene luego por añadidura: agilidad mental, compañeros, amigos, buen rollo familiar, etc. Salvo eso, me parece no existen recetas mágicas. Aunque supongo que habrá quien piense distinto y en estrés, explotación y tal limpio formato.
Wednesday, 27 September 2017
Personalidad y perorata
Creo he pasado por mi propia vida sin tomarme demasiado en serio. No sé… Quise ante todo claridad en mí ante una manifiesta distorsión íntima e irresponsablemente olvidé una y otra vez establecerme. Es cierto que arrastro ciertas taras desde la infancia, pero salvo por esos inherentes bloqueos emocionales y cognitivos míos, algunos problemas de memoria que me obsesionan y una tensión psíquica que creo ha ido a menos, todos suponen que me recupero. Que soy más o menos el mismo de siempre. Sean cuales sean mis carencias nerviosas de base. Que incluso esté mejor que antes. Y mi personalidad exploradora solo fuera una perorata. Veremos... Engancharme de nuevo al menos.
Editado 28 Septiembre/2017
Editado 28 Septiembre/2017
Saturday, 2 September 2017
Sentido y coraje
Aunque me haya degradado a conciencia por curiosidad, empecinándome en su momento con no tratar mi putrefacta enfermedad, estoy convencido de no haber sufrido realmente de ánimo autodestructivo. Y esto a pesar de sí haya tenido una determinación impulsiva por sacarme de en medio en alguna ocasión. Sé que no me motivó una agradable dejadez sino en cierto modo una salida necia pero frente al horror inadmisible. Algo de lo que aun me arrepentiría. Autodestruirse a ratos y como rutina, quizá sea cosa muy romántica pero que únicamente imagino como proyección postergatoria del propio malestar, una evitación pero mendaz. Autoafirmación en un victimista autocontrol tan efímero e ilusorio como de distintivo y engañifa contiene ese compromiso aparente con cualquier sustancia de abuso o abandono de ti. Hasta yo, ceñudo y con mis plomos fundidos, he tenido finalmente más sentido y coraje.
Thursday, 20 July 2017
En otra onda privada
A lo mejor en vez de una incitación al vital escepticismo esto quede en puro y duro efectismo nihilista. Es muy posible, porque todo es recreación y personalmente mis a salto de mata sintácticos no dan para mucho más de sí. Lo que no quiere decir que necesariamente me conforme o apoque por ello. Aunque sí quiero defender que se puede ser torero, ocurre la mayoría de las veces para casi todo, y acobardarse por ejemplo en los ascensores. O es la contradicción y cierto grado de impostura, o es acabar siendo un torero inconsciente. Lo digo porque parece como si por el hecho de subirse a un escenario, sea pretendido o real, la vida es un escenario, se esté ya blindado frente a la inevitable teatralización de la propia intimidad. Más o menos afectada pero al fin y al cabo siempre social o individualmente fingida. Dirigida. Interpretada. Concretando algo más, que la naturalidad sea la más irritante de las poses no lo suscribo, pero que no deja de ser de las más posibles por apreciadas, seguro. Qué otra cosa sería sino la belleza que naturalidad y enmarcada, cosa bonita subida a una tarima de poder. Por otro lado, viene a cuento de lo mismo, el artista no es más que el sujeto capaz de hacer crear bullicio interior al espectador. Invadirlo de vibración subjetiva. Qué mayor artificio y disfraz que esta instrumentalización de la fantasía más o menos compleja del prójimo. La de aflorar ilusiones. Salvo en cuestiones morales y de pura supervivencia, todos mis sentimientos y sus graduaciones me parecen completamente válidos. Me los haya contado un creador o no. No creo exista ninguna certeza en el mundo subjetivo. Somos lo que queremos pero no lo que sabemos de nosotros, porque afortunadamente es imposible conocerlo con precisión. Bajo estas reales pero inciertas coordenadas, sigo encantado por usarme y querer sentir, incluso a mi desidia más acérrima, sin acertar a presentir qué puede ser el supuesto faro de lo “auténtico”, el significado que pueda tener hoy ese adjetivo incivilizado. ¿Regreso sin billete de vuelta a lo primigenio? Ni lo veo útil ni sensato. Lo que no deja de ser tampoco mi propio criterio: en la vida pública admitida real sé que unos hablan o mandan mucho y otros les harían el trabajo sucio, en el fondo solo el medio para justificar permitirse más de lo mismo (dirimir la vida veraz consistiría en medirse el pene con un calibre), y yo ya estoy en otra onda privada.
Sunday, 9 July 2017
Dimensionar la enfermedad
Si se quiere en verdad ser riguroso, no tenemos mente sino que sentimos que tenemos una determinada ‘mente’. Que esta realidad sea tétrica para mí no conlleva sin embargo que mi futuro esté absolutamente determinado y cercenado. El cáncer, la esquizofrenia, el trastorno bipolar afortunadamente se tratan. No son una tara moral ni tienen una etiología social aparente. Tampoco sé si decir esto con convicción reduccionista le vale a todo el mundo. Pero al menos me parece tan legítimo como el que desea agarrarse antes o después del cataclismo (en mi caso ha pasado aún poco más de mes y medio) a una fe traumática pero etérea, supuestamente más fraternal, para explicar/se culpando de lo sucedido a algo ajeno a su propio cuerpo. A pesar de que haya aprendido a defenderme de mí, a identificar cuándo me pongo mal mediante la duda sistemática para con ideas mágicas y preconcebidas, atributivas o románticas, tentadoras siempre. Sosteniendo por el contrario ya hace tiempo una persistente conciencia de enfermedad tangible en todo. Ciertamente es un arma, ensayada y poderosa lista para compartir su verdad. Porque incluso abrumado por sentimientos devastadores, te permite sospechar de las más atroces sospechas o de las mayores vertiginosas grandilocuencias, sensaciones en principio refractarias, tan básicas y primarias como desenmascaradas solo probables y tramposas. Mantenerte sin claudicar en ese terror del juicio alterado llevado por dentro. Viendo tus muñones materiales, sus variadas regresivas invaginaciones; aceptar cómo se va destripando, despedazando y atomizando tu mundo subjetivo. Horrorizado pero siendo consciente en gran medida de todas las deformaciones. No sé si hay otra manera. Para mí conocerse, dimensionar el abismo natural, resulta lo realmente decisivo para exigirte calma cuando estás estable y, por supuesto, para lograr soportarte y querer exigir ayuda cuando así te alteras, de forma mental, pero sin género de duda materialmente.
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